Suerte de que era lista y me llevaba una mochila pequeña con un libro o un cuaderno, y un estuche con lapiceros, para dibujar o leer. Y por lo menos no prestar atención a los chicos que merodeaban por allí cerca haciéndose los machotes. Pero a quien no me podía resistir a mirar era a Iván. Un chico de diecisiete años, pelo castaño, ojos azueles y piel morena, gracias al sol. Era cualquier chico que atraía a una chica con solo mirarla o hacerla reír, todas caíamos a sus pies como tontas, todas, excepto yo, que me hacia la dura, el por que de hacerme la dura, no me gustaba su personalidad.
Miré el reloj, estaba casi a punto de llegar Diego. Miré para la esquina, cual se veía la calle donde estaba llena de chales. Por allí debería de llegar, y llegaba, si mi vista no me fallaba.
Unos de los muchachos que estaban allí voceaban a mi hermano para que ganase la carrera que estaban haciendo, iba ganando, me levante, y empecé a vocear con los demás muchachos mientras sonreía por que iba a ganar mi hermano. Le faltaba poco, ya le vía más cerca. Sí, exactamente, ganó.
Se acercó a mí para abrazarme, pero le separé con mi brazo.
-Felicidades campeón –Le dije entre risas.
Me miro sonriendo y me revolvió el pelo, le miré con cara amenazante y se fue con sus amigos, tenia suerte de que fuera mi hermano. La persona a la que quería un poco, él era una de las personas que ahuyentaba a los tíos más babosos de la ciudad de Leends.
Le arrojé una toalla que tenía en su mochila, cogí mis cosas y empecé a andar camino al bar donde se encontraban nuestros padres.
Mire hacia unas mesas, había una mujer sentada de espaldas, de pelo rubio oscuro, parecía María, mi madre, a su lado, de perfil un chico de unos cuarenta años, de pelo negro y una sonrisa en la cara, era Tomás, mi padre. En mi cara se reflejó una sonrisa, me daba alegría ver a mis padres, Diego me agarró por la cintura por atrás y me subió para arriba, me asuste y grite demasiado, él se reía, pero yo no le veía la gracia por ningún lado.
Violeta vino corriendo hacia mí, con una sonrisa de oreja a oreja y me abrazo, la seguí el abrazo y fui a saludar a mis padres y me senté con ellos.
La gente me decía que era como una mezcla de los dos. Era una chica con el pelo negro, ojos azules, blanca de piel como mi padre y un cuerpo con curvas y un poco alta, no pasaba del metro sesenta y ocho, como mi madre.
Mientras les seguía sonriendo sobre los planes que íbamos a hacer este sábado y domingo, mi madre le dijo a mi hermana Violeta que se fuera, y que llamara a Diego. Cuando llegó, nos miro seriamente, creo que era una noticia mala, pero no sé, solo prestaba atención. Mi padre miró para abajo, y mi madre siguió hablando.
- Diego, Silver… al ser los dos mayores creo que deberíais saber esto…
me encanta, espero qe sigas haciendola, no defraudes a tus fans :D
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